Tené cuidado con eso
– dijo el desconocido
señalando el libro
que llevaba bajo el brazo
mientras levantaba el mentón.

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Tus pasos das
en la medida de tu sombra.
no podés equivocarte
no querés equivocarte.
tenés miedo.
a través de la seda sobre tus ojos
tu lengua moja los labios
sos pura erección
faro intelectual
detrás dejás la luz
escondés tu origen.

Intensiones

El trabajo de pararse
una vez sentado.

Podría no haber razón
no hacerlo.

Las razones, hoy,
últimas de las causas.

Todo se extingue
en el parque.

Enciendo velas por la noche
a un dios nonato
demonios y ángeles
jugando en lo absoluto.

Pido deseos sin nombrarlos
grupo de plegarias
con los músculos de la cara.

El día termina
la noche comienza
y cada vez cuesta más
tocarme los dedos de los pies.

Del otro lado del espejo
nervioso preso:
no deja de reír,
de burlarse.
Pero yo sé, y
vos mejor que también lo sepas,
dejar el alcohol
el tabaco y las drogas,
dejar de creer en el rock&roll o el punk
no lo hago por mí.

aunque todo, al fin y al cabo,
es una forma de decir.

hay cosas
de las que uno no se puede hacer cargo
y las deja caer como hojas en otoño
mientras el cuerpo comienza a dormirse.

¡qué voy a hacer con tanta pregunta,
tanta responsabilidad!

mirá cómo me cruzo de brazos
o me saco un moco
o me toco un poco
mientras con el mundo nos hacemos pedazos

¡y conste que estoy enamorado!

siempre acabo de llegar y ya me estoy yendo. pateo tableros y silbo sólo solito, hasta que de viejito -y no tanto-, el agua me calme y también el sol y la sombra y los colores primarios y los perfumes y los viajes hechos.

Camino sobre las hojas secas porque me gusta el ruido. Es común y básico, lo sé, pero el otro día lo hice frente a alguien que no lo había hecho nunca y ahora veo que lo hace cada vez que encuentra hojas amarillas sobre el piso o sobre el suelo, sea gris o del color que sea.